Asturias y Europa hacia la Globalización

jueves, noviembre 22, 2007

Los Presupuestos de 2008, más allá de las cuenta públicas


(Publicado en La Nueva España, 22-11-2007)
El Gobierno regional ha presentado recientemente su proyecto de Presupuestos Generales para el año próximo. Es el inicio de un tenso período de duras negociaciones en el marco de la Junta General y en unas circunstancias especiales, dado que el Ejecutivo no cuenta con mayoría absoluta. Así pues, en este punto del trámite parlamentario cabe reflexionar sobre la idoneidad de estos Presupuestos en un entorno de elevadas incertidumbres en los mercados financieros. Pero también es necesario recapacitar sobre la conveniencia de utilizar este debate presupuestario como un elemento más de erosión gubernamental, justo en pleno proceso de renovación institucional de Asturias, después de los oscuros años noventa.

En el área exclusivamente económica estos presupuestos deberán ejecutarse en un año en el que las perspectivas globales se han teñido de una elevada incertidumbre. En estos momentos los mercados internacionales están sufriendo una reducción notable de la liquidez, lo que está generando una caída en la disponibilidad de las entidades financieras a conceder nuevos créditos. La razón se halla en el incremento de la morosidad en las hipotecas concedidas a clientes de dudoso historial de pago en EE UU. La economía asturiana, que se encuentra ya plenamente integrada en los mercados globales, deberá sortear en la medida de lo posible la reducción de la inversión y del consumo que podrían suponer las actuales restricciones de acceso al crédito. Por otra parte, durante los últimos años España ha vivido un extraordinario boom del sector constructor que ha comenzado a corregirse en este año y cuya evolución resulta incierta, si bien todos los indicadores apuntan hacia una suave desaceleración. Así pues, existen suficientes elementos económicos para valorar la política presupuestaria de este Gobierno.

En este sentido, el Ejecutivo regional ha presentado unos Presupuestos Generales que responden moderadamente bien a estos desafíos a través de una fuerte inversión en I+D+i, educación e infraestructuras con el objetivo de incrementar la productividad de la economía y a compensar parcialmente la caída de la demanda privada en el sector de la construcción. Además, estos programas de gasto guardan coherencia con las directrices de política económica del Gobierno de la nación bajo un fuerte compromiso con la estabilidad presupuestaria, que está permitiendo una caída de los intereses asociados a la deuda pública (nacional y autonómica), liberando mayores recursos para atender las prioridades de gasto. Con todo, en los próximos días conoceremos más fielmente las concreciones de este Presupuesto regional, lo que, sin duda, abrirá la puerta a las eternas disputas regionales que no deberían ocultar una valoración favorable del cuadro presupuestario en su conjunto.

Pero el debate parlamentario nos va a ofrecer también información en torno a la madurez de nuestras fuerzas políticas en pleno proceso de «reconversión institucional». Como he defendido en otros artículos publicados en este diario, la auténtica crisis asturiana ha sido institucional. Si los años ochenta representaron el inicio de todo un proceso de reestructuración industrial, los noventa estuvieron marcados por un bloqueo institucional que impidió responder con celeridad y eficiencia al nuevo entorno económico. Esa década estuvo marcada por una inestabilidad política permanente y una tensión social elevada que dificultó un planeamiento de medio plazo acorde con la integración de Asturias en los mercados globales. Sin embargo, con la entrada del siglo XXI ha comenzado a galvanizar una nueva estructura económica nacida en los resquicios de las prioridades públicas de los noventa. Para ello, ha sido clave la estabilidad institucional de los últimos años y una incipiente manera de entender la labor política que sustituye el reparto de dinero público entre sectores sin futuro por la colaboración estrecha con las actividades económicas con mayores potencialidades. Por fin, Asturias ha conseguido cerrar legislaturas completas con gobiernos moderadamente sólidos, los grupos de presión ligados al sector público empresarial han pasado a un segundo plano y una nueva ciudadanía toma protagonismo en la esfera pública. Todo ello, está liderando una terciarización creciente de la economía y una adaptación acelerada a los estándares internacionales (a lo que la emigración de algunos jóvenes está contribuyendo muy positivamente), pero también está permitiendo recuperar la ilusión ante el futuro. Así pues, este Presupuesto regional llega en un momento clave de todo este proceso de «re-institucionalización» y, por ello, su trámite parlamentario afecta no sólo a cuestiones financieras del Gobierno autonómico, sino también a la confianza de la ciudadanía sobre su capacidad para diseñar una nueva Asturias.

Por lo tanto, en las próximas semanas los asturianos afrontaremos un debate parlamentario clave para nuestra región. Las cifras iniciales que presenta el Ejecutivo suponen un proyecto razonable ante los desafíos del próximo año y ofrecen un amplio margen para una negociación en sede parlamentaria que permita forjar una amplia mayoría. En mi opinión, el Gobierno y la oposición deberían ser conscientes de que estos Presupuestos no sólo afectan a las cuentas fiscales de la Administración, sino también al proceso de «re-institucionalización» y, quizá solo por ello, su aprobación resulta crucial. De este modo, las perspectivas económicas obligan a tener un Presupuesto centrado en la inversión y en la mejora de la educación, por encima de los debates de proyectos puntuales, y el futuro de Asturias necesita un nuevo acuerdo político que asiente el optimismo y la confianza entre los ciudadanos.

jueves, enero 25, 2007

Agustín Argüelles y el pueblo de Madrid


(Publicado en La Nueva España, 21-01-2007)

Durante la madrugada del 7 de marzo del pasado año un turismo chocaba frontalmente en la calle Princesa de Madrid con la estatua erigida en honor a Agustín Argüelles. Aquel accidente que se saldó con la trágica muerte del conductor se llevó también consigo el reconocimiento del pueblo de Madrid a uno de los más ilustres asturianos. Su figura presidía la vía central de la calle de entrada a Madrid desde la A-6, saludando así a cada asturiano que se adentraba en la capital del Reino, y miraba hacía el sur divisando desde sus cinco metros de altura la Plaza de España y los primeros metros de la Gran Vía. La estatua había sido esculpida en mármol por el catalán Alcoverro y fue erigida en 1902 dentro de las celebraciones por la coronación del Alfonso XIII. Desde entonces ha dado nombre a uno de los más importantes y céntricos barrios de Madrid y tras su emplazamiento inicial en la misma calle Princesa, aunque algo más al norte, fue trasladada al Paseo de Pintor Rosales en 1967 retornando a Princesa bajo la Alcaldía de Álvarez del Manzano.

Agustín Argüelles (Ribadesella, 1776 – Madrid, 1844) forma parte de ese grueso de políticos y pensadores asturianos que ayudaron decididamente en la puesta en planta de un Estado Constitucional en nuestro país poniendo en juego su hacienda y hasta su propia vida en el intento. Argüelles tomó el testigo de la libertad de la mano de los ilustrados asturianos tales como el Padre Feijoo, Jovellanos, Campomanes o Martínez Marina y junto al Conde de Toreno, Flórez Estrada, Canga Argüelles o Riego lo transformaría en el primer liberalismo. Este liberalismo cultivado por asturianos insignes pasó de generación en generación hasta el Grupo de Oviedo a finales del mismo siglo XIX. Adolfo Posada, Leopoldo Alas “Clarín”, Álvarez-Buylla o Fermín Canella habrían de perfilar un liberalismo con hondas raíces sociales y democráticas que acabaría ejerciendo una gran influencia sobre quizá los dos últimos eslabones de esta cadena de asturianos: Melquíades Álvarez e Indalecio Prieto. Serían ellos quienes desde una perspectiva puramente reformista o bien socialdemócrata habrían de hilar un nuevo Estado liberal y democrático fundado en los derechos sociales. Con todo, esta larga tradición liberal asturiana fue segada de raíz a lo largo de casi todo el siglo XX y, con ella, una más que necesaria contribución a la búsqueda de futuro de nuestra Asturias durante los últimos años y en la actualidad.

Recientemente desde posiciones progresistas se han incrementado los esfuerzos por ayudar a publicitar el pensamiento y la acción del liberalismo español. La izquierda democrática ha vuelto a fijar sus ojos en los liberales que pusieron en pie un Estado Constitucional de donde emanan los valores y principios republicanos que conforman hoy en día su núcleo doctrinal. Por ejemplo, el pasado año la editorial Taurus publicaba “Progresistas”, un compendio de once biografías que recoge las ponencias de un seminario homónimo organizado por la Fundación Pablo Iglesias. El libro comienza con la vida y obra del asturiano Álvaro Flórez Estrada quizá el primer “liberal de izquierda”, tal y como lo define el catedrático de la Universidad de Oviedo Joaquín Varela. Además, el propio Varela ha coordinado un monográfico sobre Flórez, ha escrito una biografía del Conde de Toreno y un resumen de ambos políticos junto a Martínez Marina, Agustín Argüelles y Adolfo Posada completan el reciente “Asturianos en la política española. Pensamiento y acción” editado a finales de 2006 por KRK. Estas y otras publicaciones están permitiendo redescubrir las ideas de asturianos fundamentales en la historia de España y, con ello, comprobar el hilo generacional que existe entre las visiones liberales, siempre con hondas convicciones sociales, roto con la Guerra Civil. Y es ahora, en estos primeros años de este nuevo siglo, cuando esta interrupción intelectual se hace más patente dado que su influjo inspira la vía de futuro para Asturias.

Por todo ello, Agustín Argüelles debería volver a presidir la calle Princesa de Madrid, vía de entrada al centro de la capital desde Asturias. Argüelles debería retornar al pedestal al que el pueblo de Madrid lo elevó en los inicios del siglo pasado, no sólo como elemento de justicia con quien redactara los artículos fundamentales de la primera Constitución española, sino también como parte de la recuperación de los valores que le animaron en tal empresa. Para ello sería oportuno el concurso de las instituciones asturianas y la colaboración de la Oficina del Principado de Asturias en Madrid que pronto inaugurará una extraordinaria sede a tan sólo quinientos metros del lugar que espera a Agustín Argüelles.

lunes, octubre 23, 2006

Miedos y Esperanzas


Publicado en La Nueva España (23-11-2006)

El pasado día nueve de octubre tuve el honor de asistir a la conferencia “Brasil: un país de oportunidades” pronunciada por su anterior presidente, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (FHC). Ya había tenido la suerte de conocerle en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2000 en el Teatro Campoamor cuando fue galardonado con el premio de Cooperación Internacional, reconocimiento que recibiría tres años más tarde su sucesor Luiz Inácio “Lula” da Silva. En esta ocasión el acto se celebró en la sede madrileña de la escuela de negocios IESE patrocinado por la compañía española con mayor presencia en el país carioca, Telefónica, y el Banco Privado de Portugal.

FHC inició la conferencia tras una breve presentación a cargo de César Alierta con una anécdota. En los días en que aún ocupaba la presidencia fue invitado por el entonces Presidente de EE.UU, Bill Clinton, a pasar un fin de semana en Camp David. Después de la cena protocolaria ambos mandatarios iniciaron una larga conversación informal a solas. Clinton le dijo entonces a FHC que todos los pueblos sufren de algún miedo que les refrena y sueñan con una esperanza que les inspira. El añorado Presidente norteamericano le preguntaba así a Cardoso por esas dos grandes particularidades que definen a cada país. FHC repitió ante su audiencia del IESE lo que le había respondido a Clinton años antes: Brasil vive con el anhelo de ser “grande” y con el temor a no lograrlo. El ponente desplegó entonces toda su elocuencia para convencer al auditorio de que su país llegaría a ser lo que sueña con un discurso cargado de emotividad e ilusión con el que supo transmitir a quienes estábamos allí su confianza. Tras cuarenta y cinco minutos imbuidos por el cálido ritmo latino del castellano brasileiro del Presidente, retomé el pulso con el atasco de la M30 y una breve reflexión sobre nuestra pequeña, querida patria, Asturias.

Si Clinton nos preguntara en una virtual entrevista cuáles son nuestros miedos y nuestras esperanzas, ¿qué podríamos decir?

Basta reconocer en nuestro nombre el título de Principado para entender el papel que siempre hemos querido jugar en España. Basta repasar los hitos y gestas de los habitantes que han poblado este reducido solar a la sombra de la cordillera para concluir que Asturias ha aspirado siempre a adelantar los cambios ofreciendo a quien desee liderarlos un apoyo y un impulso permanente y desinteresado. Y a su vez, basta con sólo observar el pasado reciente para sentir el temor a no encontrar futuro, el terror a morir enterrados bajo un pasado épico imposible de viabilizar y a perder definitivamente la capacidad de liderazgo reformador que nos ha caracterizado como pueblo. En mi humilde opinión éstas son las esperanzas y los miedos de mi Asturias natal en los que iba pensando mientras sorteaba las inconfundibles obras madrileñas, bajo la luz de los focos del Palacio Real al fondo y los de una enorme máquina tuneladora a mi derecha, pretendiendo imitar los imposibles adelantamientos de Fernando Alonso en la parrilla de salida.

Y si tuviera que verter mis opiniones en el IESE sobre el futuro de Asturias, ¿sería capaz de trasmitirles mi confianza y mi optimismo con la mitad de convicción del Presidente Cardoso? Ustedes valoren.

Con el inicio del nuevo milenio los asturianos hemos reorientado nuestras estrategias, hemos sabido encontrar en otras actividades los recursos con los que asentar otra economía y diseñar otra agenda de prioridades para desbloquear las barreras que aún impiden un mayor desenvolvimiento de nuestras potencialidades. Y todo ello se ha hecho con respeto y lealtad hacia nuestra historia y con el convencimiento de que los mismos objetivos comunes e individuales sólo pueden adquirirse a través de otros medios. Asturias necesita verse a sí misma como lo que es hoy en día: una región abierta a la península por el Pajares y al mundo por el cantábrico pero sobre todo a través de la Red, una sociedad inserta en la cultura mundial a la que aportamos nuestra herencia, una economía terciarizada como la de todas las regiones desarrolladas y un sistema político que ha mostrado una elevada rigidez a los cambios pero que poco a poco y tras unos años de inestabilidad institucional comienza a transpirar futuro. Esta nueva Asturias ha sabido actualizarse y se encuentra a la espera de nuevos liderazgos que se ofrezcan para abrir renovados espacios públicos desde la proa, con el deseo de actualizar la agenda que aún permanece insuficientemente volcada con las necesidades de quienes están apostando por el mañana. Mientras unas pocas voces aún continúan viendo riesgos y peligros en cada esquina de nuestro tiempo, infundiendo el miedo al cambio y montando nuevas trincheras en las que defenderse, la inmensa mayoría de los asturianos deseamos afrontar el futuro con la decisión que nos ha guiado hasta aquí: el fuerte apego a anticipar los cambios y los anhelos de provocarlos.

martes, julio 18, 2006

Arcelor-Mittal: detalles de una cesárea



El pasado 30 de junio la Junta General de Accionistas de Arcelor rechazaba la fusión con la siderúrgica rusa Severstal, oferta pactada meses antes entre la dirección de ambas compañías. El mismo Consejo de Administración de Arcelor que había negociado el acuerdo con Severstal recomendaba ahora el voto en contra después de haber alcanzado un pacto con Mittal Steel bajo la presión de sus accionistas. Se cierra así un semestre marcado por la incertidumbre sobre el futuro de la compañía europea propietaria de varias plantas industriales en nuestra comunidad a la espera de que los accionistas den el visto bueno en los próximos días. Y se pasa página a una nueva operación de bloqueo de un consejo de administración ante una opa no amistosa utilizando herramientas como el reparto de dividendos o la búsqueda de “caballeros blancos” que deberán ser limitadas con la próxima ley de opas. Sin embargo, para Asturias estos seis meses han ayudado a poner sobre la mesa las dificultades de intentar abordar los desafíos de la globalización con los instrumentos de la política económica de los años setenta que en parte aún no están olvidados por todos los agentes políticos y creadores de opinión.

A día de hoy la antigua ENSIDESA es la única de las compañías que sufrieron las reconversiones de los años ochenta que ha encontrado una posición en los mercados internacionales. De este modo, debemos estar orgullosos del pasado y del presente de nuestra ENSIDESA que ha sabido adaptarse a la nuevas necesidades y deberá ahora afrontar renovados retos dentro de la futura compañía Arcelor-Mittal. Sin duda, no será fácil pero podemos confiar en sus profesionales y en una renovada política industrial que deberá ser muy distinta a la reclamada por parte de la opinión pública asturiana.

Durante estos seis meses muchas fueron las voces extraordinariamente críticas en abierta oposición a la opa de Mittal sobre Arcelor. Mientras el Ejecutivo socialista español enviaba al Congreso el proyecto para renunciar en Telefónica y Endesa a su “acción de oro” (acción individual que capacita al Estado para intervenir en las decisiones claves de una compañía), en Asturias había quien se lamentaba por no disponer de tal instrumento. Además, se exigía a nuestro Gobierno autonómico una posición más beligerante contra la oferta de Mittal Steel soñando vivir veinte años atrás, como si tal comportamiento pudiera servir de algo. El Presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, se limitó a exigir el conocimiento del proyecto industrial de la nueva compañía y el cumplimiento de los acuerdos pactados. E hizo bien.

Sin embargo, semanas después llegó la oferta de la compañía Severstal propiedad del oligarca Mordashov, quien se ha hecho millonario a la sombra del Kremlin muy lejos del beneplácito de los consumidores que sólo se logra en los mercados competitivos. Y muchos de los que clamaban contra Mittal hilaron la alfombra roja a Mordashov, probablemente porque las negociaciones de los politburó les eran más cómodas que la competición de los mercados. Aún así, finalmente la dirección de Arcelor se vio abocada a pactar una fusión con Mittal debido a la oposición manifiesta de un núcleo duro de accionistas ante un proyecto surgido no de un planeamiento serio de futuro sino de la urgencia por evitar la compra. Y de este modo Asturias da un paso más hacia la incorporación de su sector industrial en el mercado internacional y con él se hace cada vez más patente la necesidad de un discurso renovado de política industrial.

A día de hoy quien clame por “acciones de oro” o por recuperar el dirigismo industrial felizmente enterrado por los gobiernos socialistas de los años ochenta está fuera del mundo. Quien exija al Ejecutivo autonómico liderar frentes de bloqueo ante opas o deslocalizaciones no ha entendido nada de lo ocurrido en la última década. No hay otra política industrial que no pase por el apoyo a la Universidad de Oviedo y a los centros de investigación y formación, que no aborde la necesidad de ampliar nuestros mercados y facilitar la entrada y crecimiento de empresas en nuestra comunidad mediante políticas de oferta. No hay otra opción que lanzarse con confianza a conquistar el mundo y para ello es fundamental torcer el discurso dominante de la crisis y la resistencia. Un buen ejemplo de ello pudiera ser la actitud de los sindicatos de Arcelor en el proceso de fusión. Sin duda, la nueva Arcelor-Mittal unirá dos realidades laborales, la de los trabajadores de Europa occidental y la de los países en desarrollo. Los sindicatos afrontan una ocasión histórica para luchar por la mejora de las condiciones de trabajo de todos los empleados de Arcelor-Mittal y avanzar así en los derechos laborales a escala mundial, la otra globalización. Deberán emprender una misión esencial a la hora de unificar y cohesionar los movimientos sindicales de la nueva compañía para dignificar la labor de muchos de sus nuevos compañeros en plantas industriales de otros hemisferios. Si la cooperación internacional entre sindicatos tiene escasos resultados, la internacionalización de las empresas son una oportunidad para impulsar la ampliación de los derechos laborales de la mano de los sindicatos occidentales más fuertes y cohesionados. Confiemos en ello.

miércoles, abril 26, 2006

Reforma de la Ley Electoral de Asturias y crecimiento económico

Publicado en La Nueva España, (26-04-2006)


Con la mirada puesta en la futura reforma del Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias no son pocas las voces que piden una revisión de nuestra Ley Electoral que funda las tres circunscripciones en una sola con el objetivo de incrementar la proporcionalidad de los resultados. Es cierto que la división clásica de Asturias centro-alas ha muerto con el siglo pasado; sin embargo, esto no justifica la creación de una circunscripción única cuyo resultado inexorable pasaría por reducir la ya escasa capacidad del elector para mediatizar las listas electorales. Por el contrario, la reforma del Estatuto podría impulsar una nueva ley electoral que elevase el número de circunscripciones reflejando la red de villas y comarcas de Asturias en donde elegir a un número muy reducido de parlamentarios. Existen razones políticas que harían recomendable tal decisión. Por ejemplo, garantizar la cercanía entre los electores y los elegidos dado que cada escaño dependería esencialmente de la capacidad del diputado para representar a sus vecinos. Esta reforma ayudaría a devolver “el protagonismo a la sociedad civil”, una necesidad que acertadamente defendía el editorial de este diario, La Nueva España, el pasado 16 de abril. No obstante, en este artículo se pretende defender tal reforma como una herramienta para incrementar el ritmo de crecimiento de la economía asturiana dentro de amplio abanico de medidas para facilitar la transparencia institucional.

Durante los últimos años se ha desarrollado una “nueva economía institucionalista” que intenta explicar los resultados económicos como efectos necesarios de las instituciones existentes. Esta literatura en la que destaca Alesina o Acemoglu entre otros fusiona dos corrientes de la academia económica. Por una parte, la herencia de Douglass North (Premio Nobel, 1993) quien abordó el estudio de la historia económica marcando especial énfasis en los entornos institucionales. Y por otra, la de economistas como Gary Becker (Premio Nobel, 1992) y Ronald Coase (Premio Nobel, 1991) quienes utilizaban las herramientas de la investigación económica para abordar otros problemas sociales y, entre ellos, estudiar los marcos institucionales óptimos para garantizar que el libre mercado genere resultados positivos. Así, bebiendo de ambas tradiciones se ha desarrollado una amplia literatura que utiliza la teoría económica, las matemáticas y la econometría para avalar el modo en que las instituciones influyen sobre el ritmo de crecimiento de las economías y, con ello, sobre el bienestar general. Pues bien, siguiendo este campo de la investigación económica se puede realizar una breve reflexión en torno al modo en que ley electoral y el crecimiento económico podrían interactuar en nuestra Comunidad.

La construcción del marco institucional autonómico de Asturias comenzó a fraguarse en la transición democrática y a través del primer Estatuto de Autonomía se puso en planta un sistema parlamentario con sólidos partidos políticos. Pero además se configuró un escenario público en donde la opinión de fuertes grupos de presión ligados a los principales sectores económicos de entonces ostentaban un alto grado de poder. Así, una generación de asturianos que había impulsado decididamente la democracia y el sistema autonómico, comenzó a tejer una tupida red de confianza que ha sido la pieza clave en la evolución de Asturias en el último cuarto del siglo pasado. Sin embargo, el sistema comenzó a mostrar síntomas de agotamiento en los primeros años noventa cuando las rentas comenzaron a menguar y los lobbies que operaban en Asturias se había conformado ya en agentes conservadores que apostaban por el mantenimiento del status quo económico. De este modo, los intereses de estos grupos de presión han copado la escena pública y no han estado correlacionados con lograr altas tasas de crecimiento económico sino con obtener de los distintos gobiernos mayores niveles de gasto público, fortaleciendo así su poder dentro del juego institucional de Asturias. Por lo tanto, la agenda pública de la región se ha ido inclinando hacia los problemas de los sectores con dificultades y no tanto hacia las necesidades de las actividades económicas con mayores potencialidades cuyos grupos de presión han sido excesivamente débiles cuando no inexistentes.

Mientras tanto, los asturianos han ido creando una nueva economía no oficial, fuertemente terciarizada como señalan en varios artículos Santiago M. Argüelles y Fernando Rubiera, responsable del crecimiento económico sostenible de los últimos años. Una renovada estructura económica que alberga una sociedad civil la cual casi ha renunciado a marcar la agenda pública, haciendo valer la hipótesis de Oscar Buznego (La Nueva España, 12-04-2006) sobre la aplicación de la “espiral de silencio” teorizada por Neumann que explicaría el elevado “no sabe, no contesta” de las respuestas de los asturianos en distintas encuestas en torno a sus opiniones sobre las vías de futuro de Asturias. De este modo, los lobbies más conservadores mantienen monopolizada la agenda pública dificultando la apertura de renovados debates en torno a las prioridades de la política económica del Principado. No obstante resulta urgente un rediseño de la agenda económica que ponga en primer lugar las necesidades de quienes hoy en día crean valor en Asturias con el objetivo de fortalecer el proceso de crecimiento económico de los últimos años. Y para ello se debe facilitar la afloración de los intereses de los ciudadanos que viven más bien al margen de la agenda oficial. Con este propósito se podría abordar una reforma de la ley electoral que haga más porosa la relación entre los electores y los elegidos, ayudando a minar la coalición de confianzas mutuas surgidas en la transición entre los partidos políticos y los lobbies creados en aquellos años que fue esencial para la puesta marcha de nuestra democracia pero que actualmente está dificultando la actualización de la agenda de reformas.

Consecuentemente la redacción del nuevo Estatuto de Autonomía podría ser la puerta de entrada de una nueva ley electoral que elevase el número de circunscripciones con el propósito de elegir en cada una de ellas a un número muy reducido de diputados. El objetivo es evitar votar una larga lista de candidatos, muchos de ellos desconocidos para la mayoría de los electores, que responden fielmente a las direcciones de los distintos partidos en donde los grupos de presión conservadores pueden ejercer una influencia mayor para situar en primer lugar sus prioridades. Si cada diputado respondiera directamente ante un colegio electoral no muy numeroso la presión directa de su electorado podría ayudar a aflorar los intereses de quienes hoy impulsan el crecimiento económico sostenible en Asturias. Ciertamente la reforma de la ley electoral podría ser una vía más para facilitar la visualización de los nuevos intereses que deberían jugar en la escena pública dentro de un marco más amplio de fortalecimiento institucional. En todo caso sirva este artículo para incorporar una opinión más en un debate en el que las reclamaciones por una circunscripción única o el mantenimiento de las tres actuales no agotan las posibilidades de elección de los ciudadanos.

martes, febrero 14, 2006

De la OPA sobre Arcelor

Publicado en La Nueva España (14-02-2006)


Durante las últimas semanas, la actualidad económica de Asturias ha vuelto a centrarse en un nuevo proceso de compra-venta (¿quizá reestructuración?) de nuestro sector industrial. Tras años de reconversiones permanentes, tiempo en donde ha surgido una nuevo tejido empresarial ligado, esencialmente, al sector servicios, otra vez la opinión pública comienza a preocuparse por el futuro de la antigua Aceralia. Tal pareciera que en Asturias no se puede hablar de otra cosa que no sea HUNOSA, ENSIDESA y el sector naval desde hace ya más de veinte años.

La Oferta Pública de Adquisición (OPA) lanzada por la siderúrgica anglo-india Mettal Steel por, al menos, el 50 por ciento de Arcelor, que ha encendido todas las alarmas en nuestra región, rememora el proceso similar vivido por Hidrocántabrico hace ya cinco años. Por aquel entonces, la dirección de HC era consciente de la necesidad de un socio estratégico y tras algunos meses aparecieron varias posibilidades. Por una parte, RWE y, por otra, EnBW-Ferroatlántica presentaron sendas ofertas, a las que pronto se incorporó la candidatura de Cajastur. Tras una frenética carrera de ofertas y contraofertas, todo parecía indicar que RWE se haría con la compañía asturiana. Sin embargo, en ese momento, todo el establishment asturiano clamaba por la venta de HC a “capital extranjero”, incluso desde el Partido Popular se pedía la comparecencia de los accionistas en la Junta General para que explicasen su voluntad de vender a quienes más pagaban por sus participaciones (¡!). Al final, Cajastur acabó mejorando su oferta, en compañía de la portuguesa EDP, y se quedó con la energética. El resto de la historia ya es conocida.

Resulta conveniente recordar que las OPA’s son un instrumento esencial en cualquier economía abierta. Como es natural, si alguien considera que puede gestionar mejor una empresa, simplemente la compra, pagando por ella su valor actual más una prima por el control. Si se está dispuesto a pagar un plus por dirigirla es debido a que espera incrementar los beneficios. En fin, las OPA’s son un elemento básico para garantizar que las compañías ineficientes no atascan el funcionamiento del mercado, ni impidan la creación de valor que redunda en más y mejor empleo sostenible.

Hace ya más de una década, todos los gobiernos del mundo occidental tomaron la decisión de dejar al mercado este tipo de discusiones. Así, vivimos un proceso de privatizaciones y liberalizaciones que garantizaron la viabilidad de muchas empresa (como ENSIDESA) y se dejó en manos de sus empleados, directivos y accionistas el futuro de la compañía. Sin duda, creo que con buen juicio. En estos momentos de incertidumbre para unas plantas de la multinacional Arcelor asentadas en Asturias parece razonable que los responsables públicos se ocupen y se preocupen, en tanto que esa decisión tiene efectos “colaterales” sobre el bienestar de sus ciudadanos. Pero en todo caso, son los accionistas quienes deciden y los trabajadores a través de los sindicatos quienes negocian los planes laborales, habiendo dado infinitas muestras de su capacidad.

En Asturias, durante decenios, el trabajo del gestor público estuvo dedicado exclusivamente en repartir gasto y dirigir compañías públicas. Tras los procesos de ajuste, empresas públicas apenas quedan y las transferencias del Estado aún no son pocas, pero cada vez exigen mayor corresponsabilidad fiscal. Sin embargo, tal pareciera que siguiéramos empeñados en pedirles a nuestros políticos dirigir empresas y repartir el gasto como un juego de suma cero. Pero este ya no es el mundo en que vivimos.

En fin, deberíamos dejar funcionar al mercado en lo que sabe hacer mejor que los políticos y a los políticos en lo que nadie hace por ellos. Mientras sigamos jugando a empresarios públicos, dejamos pasar su papel como elementos claves en la creación de futuro. Mientras no demos por finiquita la visión del político como repartidor de gasto y empresario, flaco favor hacemos a Asturias que tanto necesita abrir nuevas oportunidades.

jueves, diciembre 08, 2005

La Presidencia Británica de la Unión y algunos detalles asturianos




La Presidencia británica del Consejo Europeo ha finalizado su mandato con un acuerdo en torno a las Perspectivas Financieras de la Unión para el periodo 2007-2013 que, probablemente, será muy ligeramente retocado por el Parlamento. Lamentablemente, el éxito o el fracaso de estos últimos seis meses se está midiendo de forma exclusiva a partir del saldo económico de los distintos países con el conjunto de la Unión. Sin embargo, más alejado de los focos públicos, el pasado semestre ha sido extraordinariamente rico en el debate de las ideas, en la discusión sobre los caminos a transitar por la Unión, impulsado también por la Presidencia de turno. El rechazo francés y holandés a la Constitución Europea junto a una economía que no acaba de ayudar a incrementar el bienestar de los ciudadanos abren dos campos de discusión claves. Ambas realidades ponen en evidencia la crisis del proyecto de construcción de Europa sacando a la luz la necesidad de repensar el papel de la Unión, a la vista de la indefinición de los objetivos que latía en la discusión de los presupuestos comunitarios.

Comenzaba el semestre con una sugerente intervención de Tony Blair en el Parlamento Europeo, quien puso los retos de Europa encima de la mesa y pidió responsabilidad histórica a los representantes públicos para afrontarlos. Sin embargo, la participación del Reino Unido en la Guerra de Irak ha ensanchado el estrecho Canal de la Mancha con kilómetros de desconfianza, poniendo en tela de juicio cualquier impulso que provenga de tierras anglosajonas. En todo caso, la Presidencia británica convocó para finales de octubre una Cumbre Informal donde discutir las prioridades de la Unión. Como ingredientes para el debate, la Comisión publicó el documento de trabajo “European values in the globalised World” a la vez que el think-tank, Policy Network, a instancias del Primer Ministro laborista, emitía un conjunto de interesantes informes coordinados por Giddens y Liddle, que serán editados como libro próximamente. A su vez, el Canciller británico, Gordon Brown, escribía su “Global Europe: full-employment Europe”. Por otra parte, André Sapir preparó para la reunión del ECOFIN de septiembre el papel, “Globalisation and the Reform of European Social Models”, que se une al importante trabajo que coordinó en 2003 a propuesta del Presidente de la Comisión, entonces Romano Prodi, “An Agenda for a Growthing Europe”. Todas estas reflexiones se unen a un conjunto de informes que parten de los estudios previos a la firma de la Agenda de Lisboa y que pasan por la revisión de Wim Kok de noviembre de 2004.

El punto de partida de todas las ponencias es compartido. Por una parte, estamos ante una Unión con más de veinte millones de parados y, a la vez, asistimos a una fuga de cerebros a EE.UU., imagen de un mercado laboral muy rígido y un entorno investigador endeble, lo que se traduce en muy bajos crecimientos de la productividad. A su vez, convivimos con un diseño del Estado de Bienestar que esencialmente protege a la clase media de sí misma, dado que los más pobres no disfrutan de la Universidad o de buenos hospitales, simplemente porque les son ajenos, mientras las familias con mayor poder adquisitivo viven fuera del sistema público. A esto se une el envejecimiento de la población que pone en tela de juicio todo el sistema de solidaridad entre las personas activas y pasivas. Y por encima de todo ello, la Globalización, que implica una revolución sobre los consensos nacionales de post-guerra, poniendo en el centro del crecimiento económico la “destrucción creativa” de Schumpeter, más allá del sistema corporativo de negociación sindicatos-empresarios. Una globalización de los mercados mundiales que genera nuevas oportunidades de desarrollo, rentabilizadas por China y la India, que anuncia un desplazamiento del eje geopolítico del Atlántico al Pacífico. De esta forma, Europa desemboca en una economía incapaz de crecer más allá del dos por ciento anual, lo que dificulta a su vez el mantenimiento de los sistemas de bienestar. Por lo tanto, renovarse o morir.

Las recetas también son coincidentes. Por una parte, profundizar en el desarrollo del mercado interior, como apunta el informe de la Comisión, incluyendo los servicios, las telecomunicaciones, la energía y los servicios financieros para rentabilizar el potencial de crecimiento del gran mercado europeo, abriendo nuestras fronteras comerciales a terceros países. A su vez, combinar un mercado laboral más flexible junto a una labor del Estado destinada a proteger al trabajador, no al puesto de trabajo. Un Estado que se centre fundamentalmente en equipar a los ciudadanos con los instrumentos óptimos para caminar por el mundo, es decir, que invierta en educación. Así, todas las recomendaciones se centran en impulsar las reformas estructurales pendientes, dado que si bien la política monetaria del BCE y la política fiscal, que emana del Pacto de Estabilidad, pueden ser discutibles, el problema en Europa reside en la incapacidad para afrontar las reformas de fondo de la economía y del Estado.

En fin, el semestre que comenzó con grandes objetivos ha quedado restringido al debate presupuestario, en donde, por cierto, no se acaban de cumplir las recomendaciones del Informe Sapir, y al impulso de medidas antiterroristas, intensificadas tras el atentado en Londres del 7 de julio. De todas formas, resulta urgente que los europeos exijamos el coraje necesario a nuestros representantes para afrontar los retos pendientes y, por lo menos, esta Presidencia ha ayudado a abrir el debate, esperando los liderazgos que impulsen los cambios, aunque en términos prácticos el balance ha sido francamente decepcionante.
Mientras tanto, en Asturias se percibe una pelea por sostenerse en el status quo que no hace justicia a nuestra historia. Si la ampliación de la Unión se abordó en el Principado como una amenaza para nuestras subvenciones, el pacto sobre las Perspectivas Financieras vendría a poner la guinda. Resulta difícil entender cómo las direcciones de las patronales se preocupan más de los fondos públicos que del nuevo mercado al que tenemos acceso, mientras muchos empresarios asturianos ya están en planes de expansión. Sin duda, en Asturias cada vez es más notoria la división entre los líderes de los distintos grupos de presión y las inquietudes de los ciudadanos a los que representan.