Cambio de Rumbo
Publicado en La Nueva España, 12-03-05
La publicación de los datos del último trimestre de la economía española por parte del INE nos permite analizar el conjunto del año con todas las herramientas necesarias. Lo primero a destacar debe ser la tasa de crecimiento del PIB, que alcanzó el 2,7%, una décima más que la última previsión del Gobierno y dos más que el año pasado. Así, se cierra 2004 con una aceleración del dinamismo económico que ha permitido incrementar el empleo en un 2,7% interanual en el último trimestre del año, según la EPA, y afrontar 2005 con buenas perspectivas. Pero no sólo nos debe preocupar la tasa de crecimiento económico, sino también en qué pilares se sustenta y, si éstos son sostenibles o no. Así, en la calidad del crecimiento tenemos dos realidades.
Por una parte, el saldo exterior ha continuado su escalada negativa lo que ha restado puntos en el crecimiento de la economía, si bien el último trimestre parece apuntar una parada en el empeoramiento de la balanza comercial. Las exportaciones han crecido un 4,5% durante 2004, pero las importaciones el doble fruto de la robustez de la demanda interna, especialmente en el último semestre debido al incremento en la inversión en bienes de equipo. Sin duda, la evolución del tipo de cambio euro/dólar ha encarecido nuestras exportaciones, pero sobre todo se ha hecho más evidente los problemas de competitividad acumulados desde hace años que dificultan nuestras ventas en el exterior y aquí está uno de los grandes retos del Gobierno. Por ello, la apuesta por la mejora de la productividad y la competitividad no es baladí.
Por otra, y aquí tenemos muy buenas noticias, la demanda interna continúa tirando de la economía española, distribuyendo mejor el peso entre el consumo y la inversión. La formación bruta de capital recupera terreno con una tasa de crecimiento por encima del 6% en el último semestre del año. Dentro de ella, la construcción mantiene unas tasas de crecimiento en torno al 4%, si bien la inversión en bienes de equipo se dispara con incrementos del 7,5% en los últimos seis meses de 2004. Por lo tanto, los fundamentos de la demanda interior comienzan a equilibrarse tras años asentados exclusivamente en el consumo y la construcción, dando paso a mayor inversión en bienes de equipo lo que, sin duda, genera buenas perspectivas para la sostenibilidad de crecimiento y la creación de empleo.
Desde la entrada en la zona euro, la economía española sufrió un shock de oferta monetaria debido al diferencial de los tipos de interés reales respecto de la peseta. Esto ha motivado un incremento espectacular del volumen de crédito, fundamentalmente el hipotecario, haciendo de la construcción el motor de la economía. Así, el efecto riqueza (fruto de la subida de los precios inmobiliarios) ha impulsado el consumo de los hogares, alcanzando el endeudamiento de las familias niveles históricos. En un contexto de poca competitividad, este dinamismo de la demanda interna se ha trasladado al nivel de precios que pone en peligro el medio plazo de nuestra economía.
Por ello, el nuevo Gobierno ha hecho banderín del cambio de modelo de crecimiento ya que los efectos positivos del shock monetario no deberían prolongarse mucho más en el tiempo, si bien es cierto que la política monetaria del BCE atendiendo a las necesidades de las economías centrales de la Unión está alargando sus efectos positivos. Fruto de ello ha sido los Presupuestos Generales del Estado para 2005 en los que se ha priorizado la inversión en I+D+i, capital humano y físico dentro de una política presupuestaria acorde con nuestra posición en el ciclo, es decir, con un objetivo de superávit. Y también, el recién aprobado Plan de Dinamización de la Economía e Impulso a la Productividad. Quizá una décima más en el crecimiento del PIB pueda parecer frío pero si hablamos de más de 81.000 empleados nuevos, sin duda, comprobaremos su importancia. El reto es emocionante.
