Camino de Lisboa

Publicado en La Nueva España, 22-05-2005
Concluido ya el primer año de Gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero, afrontamos el segundo semestre de 2005 con un buen número de iniciativas legislativas, como la futura “ley de autonomía personal”, cuyo objetivo pasa por asegurar la ciudadanía de primera a todos, independientemente de la edad o del estado de salud. En el campo estrictamente económico, Pedro Solbes continuará buscando los vientos de la productividad, reorientando las bases de nuestra economía. El para qué es bien conocido: alcanzar mayores tasas de crecimiento y de creación de empleo, reduciendo la deuda del Estado y, con ello, la carga de los intereses, para conducir el dinero público hacia las prioridades sociales, con la vista puesta en los próximos Presupuestos Generales.
Sin embargo, el semestre que viene vendrá marcado por cuestiones fundamentales, ambas en el marco de la Unión Europea. Me refiero a la puesta en marcha de la Estrategia de Lisboa revisada y a la negociación de los futuros Fondos de Cohesión, para el periodo 2007-2013.
La Estrategia de Lisboa, firmada en 2000, fue y es la apuesta de Europa por buscar nuestro futuro con ambición, abriendo las puertas a una economía más competitiva, garantizando las oportunidades para todos y la sostenibilidad medioambiental. Sin embargo, casi cinco años después, los resultados han sido más bien escasos, como ha apuntado el estudio coordinado por Kok, debido a las malas coyunturas nacionales y a la falta de un marco de incentivos eficientes. Por consiguiente, la pasado Cumbre de la Unión discutió sobre la necesaria reactivación de la Estrategia, valorando, además, que seguimos perdiendo renta per capita respecto a EE.UU. Así, se pretende el incremento de la capacidad de crecimiento de la Unión, entre otras cosas para garantizar la viabilidad de nuestro modelo social. No parece mala idea. Además, se ha apostado por la “nacionalización” de la propia Estrategia, de modo que en cada país debe haber un responsable de su desarrollo, un Mr. Lisboa, en España, Miguel Sebastián.
El otro gran asunto, que en Asturias conocemos más, es la negociación de las Perspectivas Financieras de la Unión, donde se debate los Presupuestos para los años 2007-2013 y, con ello, el montante y los destinatarios de los Fondos de Cohesión. Como ha venido a definirlo nuestro eurodiputado Antonio Masip, la “felonía” de la propuesta de la Comisión de hace más de una año (por cierto, asumida por el Gobierno de entonces) está siendo duramente negociada en la actualidad. El Gobierno es consciente, como todos los españoles, que nuestro país ya no es de tercera y, por lo tanto, nos va a tocar recibir menos y comenzar a aportar más. Sin embargo, no ceja en su empeño en incrementar la cantidad propuesta y, sobre todo, en buscar una solución satisfactoria para las comunidades que dejan de ser Objetivo 1 por el efecto estadístico, como la nuestra.
Pues bien, este semestre será decisivo también para Asturias. Por una parte, la negociación de los Fondos de Cohesión (como hemos comentado) y, por otra, el futuro Plan del Carbón para el periodo 2006-2012, donde los requisitos de la Unión marcan el campo de juego, serán asuntos clave en el debate político, económico y ciudadano. Sin embargo, siendo ambos importantes, para Asturias el prioritario es la aplicación de la Estrategia de Lisboa. Si Asturias tiene un problema, ese es el débil crecimiento. Siendo cierto que hemos superado la crisis, también lo es que nuestro “motor económico” tiene pocos caballos, como le gusta decir al profesor Lorences. Por lo tanto, nuestra prioridad es crecer más y mejor, también como herramienta de política social, dado que nuestro Estado de Bienestar es ya casi autonómico. Si queremos una sanidad y una educación modelo, necesitamos con qué financiarla, más allá de la cobertura del Estado que marcará lo básico. Sólo produciendo bienes y servicios de mayor calidad, con trabajadores cada vez más cualificados, con empresas más competitivas en mercados abiertos y con un sector público eficiente alcanzaremos mayores niveles de bienestar para nuestros ciudadanos. Por lo tanto, debemos crecer más y para ello deberíamos guiarnos por las líneas marcadas en la Estrategia de Lisboa. ¡Qué lo urgente no pase por encima de lo importante!

