Asturias y Europa hacia la Globalización

jueves, julio 14, 2005

El Presente de Asturias

Julio de 2005

Tras un par de meses sobre mi mesilla, he terminado por leer el último libro del sociólogo Víctor Pérez-Díaz, “Sueños y razón de América Latina” (Ed. Taurus, 2005), motivado, al fin, por una fea crítica de Rodríguez Braun y mi cambio de trabajo. Entre sus páginas, el autor presta especial atención al necesario tránsito desde una sociedad corporativa, heredera de la estamental, hacia una sociedad abierta a la vista de la delicada situación de muchos países en ese continente. Ciertamente, la evolución de Iberoamérica y Asturias tiene poco en común, más allá de nuestro pasado, la cantidad de hermanos que se fueron y los que ahora retornan. Pero existe en el libro una reflexión general que es interesante para Asturias, dado que aún tenemos una sociedad muy corporativa, al menos públicamente, mientras se ha ido desarrollando una sociedad abierta fuera de los focos del debate público. Es urgente, por tanto, visualizar este cambio social para que nuevos emprendedores ayuden a marcar el rumbo, abordando los retos presentes con la ilusión de construir un espacio para Asturias en la Globalización.

Durante todo el periodo democrático, en nuestra Comunidad se ha generado un “capital social” repleto de asociaciones, partidos, sindicatos, organizaciones empresariales, ambientales, solidarias, etc., que han marcado, todas ellas, el paso y el camino a recorrer. Sin duda, con éxito durante años. Sin embargo, el legado cultural de cuarenta años de dictadura sigue pesando sobre nuestras cabezas de modo que se ha tendido a reproducir métodos de promoción social, de éxito, de negociación y de discusión típicos de una sociedad orgánica, corporativa. Así, las distintas partes de esta Asturias se han debatido en la búsqueda de rentas para sus propias corporaciones, tomando los recursos como dados y situando el único desencuentro en su reparto. Bajo la concepción de una Asturias con una riqueza a repartir, se perdió la visión del futuro a conquistar.

Con las crisis económicas de los ochenta y el primer lustro de los noventa, la reducción del pastel se tradujo, de una o de otra forma, en inestabilidad institucional. Recordemos como legislatura tras legislatura, nuestros Gobiernos Autonómicos sufrieron crisis permanentes, de distinto calado, pero continuas. Tras el cambio de cartel electoral del PSOE en 1991, llegó la dimisión y el relevo presidencial de 1993, la ruptura del Gobierno del Partido Popular en 1998 y las fricciones Gobierno-Grupo Parlamentario Socialista en el inicio de la legislatura anterior. En fin, una década con avances pero repleta de conflictos.

Sin embargo, durante los últimos años la economía asturiana ha crecido más rápido, el mercado laboral se ha dinamizado y, lo más importante, las Instituciones están viviendo momentos de sosiego. Gracias a ello una gran tela de nuevos emprendedores sociales, económicos y políticos ha comenzado a tejerse. Pero el espacio público sigue reservado a los problemas de la Asturias corporativa, que ya no es la de los asturianos de cada día. El debate sigue protagonizado por la necesidad de mega-planes industriales o super-programas de obras públicas, dependiendo del grupo de presión que titule ese día los diarios. Sigue presente la visión de cada oportunidad de futuro como un riesgo de fracaso. Parecemos incapaces de ver el camino tras cada curva.

Pero el siglo veintiuno ha llegado y, con él, quienes quieren construir otra Asturias. Quiénes apuestan por hacer competitivas nuestras empresas en el mercado global incorporando la productividad a nuestras discusiones laborales, han dado un salto cualitativo. Ya no debaten si el ajuste son dos o cuatro, discuten cómo afrontar el futuro. Quiénes abordan el desarrollo de las nuevas infraestructuras de Internet, han renunciado a seguir dibujando líneas de hormigón en el mapa, tras el fin de las obras iniciadas; simplemente quieren estar conectados con todo el mundo. Quiénes proponen un diseño institucional de Asturias en red, volcada al mundo, con líderes que abren espacios y dejan jugar en él, son inmunes a compartimentos estancos; creen en una Asturias cohesionada.

Casi sin percibirse hay otra Asturias alejada, muy alejada, de los asuntos esenciales marcados por esta sociedad corporativa que ha muerto en la década pasada, pero se resigna a dejar de marcar las prioridades. Es cierto que deberemos seguir prestando atención a todas las cuestiones pendiente del pasado, pero no podemos permitir que copen nuestros esfuerzos, porque sus soluciones no generan futuro, sólo atemperan el presente. Indudablemente existe esa sociedad abierta en Asturias y tenemos que impulsar que aflore, no sólo por la necesidad de aire nuevo, sino sobre todo porque ahí están nuestras esperanzas, nuestras ilusiones y nuestro futuro. No, en realidad, nuestro Presente.

(Me atrevo a recomendarle ver la película británica “Billy Elliot” con los ojos de esta nueva Asturias )