La Presidencia Británica de la Unión y algunos detalles asturianos

La Presidencia británica del Consejo Europeo ha finalizado su mandato con un acuerdo en torno a las Perspectivas Financieras de la Unión para el periodo 2007-2013 que, probablemente, será muy ligeramente retocado por el Parlamento. Lamentablemente, el éxito o el fracaso de estos últimos seis meses se está midiendo de forma exclusiva a partir del saldo económico de los distintos países con el conjunto de la Unión. Sin embargo, más alejado de los focos públicos, el pasado semestre ha sido extraordinariamente rico en el debate de las ideas, en la discusión sobre los caminos a transitar por la Unión, impulsado también por la Presidencia de turno. El rechazo francés y holandés a la Constitución Europea junto a una economía que no acaba de ayudar a incrementar el bienestar de los ciudadanos abren dos campos de discusión claves. Ambas realidades ponen en evidencia la crisis del proyecto de construcción de Europa sacando a la luz la necesidad de repensar el papel de la Unión, a la vista de la indefinición de los objetivos que latía en la discusión de los presupuestos comunitarios.
Comenzaba el semestre con una sugerente intervención de Tony Blair en el Parlamento Europeo, quien puso los retos de Europa encima de la mesa y pidió responsabilidad histórica a los representantes públicos para afrontarlos. Sin embargo, la participación del Reino Unido en la Guerra de Irak ha ensanchado el estrecho Canal de la Mancha con kilómetros de desconfianza, poniendo en tela de juicio cualquier impulso que provenga de tierras anglosajonas. En todo caso, la Presidencia británica convocó para finales de octubre una Cumbre Informal donde discutir las prioridades de la Unión. Como ingredientes para el debate, la Comisión publicó el documento de trabajo “European values in the globalised World” a la vez que el think-tank, Policy Network, a instancias del Primer Ministro laborista, emitía un conjunto de interesantes informes coordinados por Giddens y Liddle, que serán editados como libro próximamente. A su vez, el Canciller británico, Gordon Brown, escribía su “Global Europe: full-employment Europe”. Por otra parte, André Sapir preparó para la reunión del ECOFIN de septiembre el papel, “Globalisation and the Reform of European Social Models”, que se une al importante trabajo que coordinó en 2003 a propuesta del Presidente de la Comisión, entonces Romano Prodi, “An Agenda for a Growthing Europe”. Todas estas reflexiones se unen a un conjunto de informes que parten de los estudios previos a la firma de la Agenda de Lisboa y que pasan por la revisión de Wim Kok de noviembre de 2004.
El punto de partida de todas las ponencias es compartido. Por una parte, estamos ante una Unión con más de veinte millones de parados y, a la vez, asistimos a una fuga de cerebros a EE.UU., imagen de un mercado laboral muy rígido y un entorno investigador endeble, lo que se traduce en muy bajos crecimientos de la productividad. A su vez, convivimos con un diseño del Estado de Bienestar que esencialmente protege a la clase media de sí misma, dado que los más pobres no disfrutan de la Universidad o de buenos hospitales, simplemente porque les son ajenos, mientras las familias con mayor poder adquisitivo viven fuera del sistema público. A esto se une el envejecimiento de la población que pone en tela de juicio todo el sistema de solidaridad entre las personas activas y pasivas. Y por encima de todo ello, la Globalización, que implica una revolución sobre los consensos nacionales de post-guerra, poniendo en el centro del crecimiento económico la “destrucción creativa” de Schumpeter, más allá del sistema corporativo de negociación sindicatos-empresarios. Una globalización de los mercados mundiales que genera nuevas oportunidades de desarrollo, rentabilizadas por China y la India, que anuncia un desplazamiento del eje geopolítico del Atlántico al Pacífico. De esta forma, Europa desemboca en una economía incapaz de crecer más allá del dos por ciento anual, lo que dificulta a su vez el mantenimiento de los sistemas de bienestar. Por lo tanto, renovarse o morir.
Las recetas también son coincidentes. Por una parte, profundizar en el desarrollo del mercado interior, como apunta el informe de la Comisión, incluyendo los servicios, las telecomunicaciones, la energía y los servicios financieros para rentabilizar el potencial de crecimiento del gran mercado europeo, abriendo nuestras fronteras comerciales a terceros países. A su vez, combinar un mercado laboral más flexible junto a una labor del Estado destinada a proteger al trabajador, no al puesto de trabajo. Un Estado que se centre fundamentalmente en equipar a los ciudadanos con los instrumentos óptimos para caminar por el mundo, es decir, que invierta en educación. Así, todas las recomendaciones se centran en impulsar las reformas estructurales pendientes, dado que si bien la política monetaria del BCE y la política fiscal, que emana del Pacto de Estabilidad, pueden ser discutibles, el problema en Europa reside en la incapacidad para afrontar las reformas de fondo de la economía y del Estado.
En fin, el semestre que comenzó con grandes objetivos ha quedado restringido al debate presupuestario, en donde, por cierto, no se acaban de cumplir las recomendaciones del Informe Sapir, y al impulso de medidas antiterroristas, intensificadas tras el atentado en Londres del 7 de julio. De todas formas, resulta urgente que los europeos exijamos el coraje necesario a nuestros representantes para afrontar los retos pendientes y, por lo menos, esta Presidencia ha ayudado a abrir el debate, esperando los liderazgos que impulsen los cambios, aunque en términos prácticos el balance ha sido francamente decepcionante.
Mientras tanto, en Asturias se percibe una pelea por sostenerse en el status quo que no hace justicia a nuestra historia. Si la ampliación de la Unión se abordó en el Principado como una amenaza para nuestras subvenciones, el pacto sobre las Perspectivas Financieras vendría a poner la guinda. Resulta difícil entender cómo las direcciones de las patronales se preocupan más de los fondos públicos que del nuevo mercado al que tenemos acceso, mientras muchos empresarios asturianos ya están en planes de expansión. Sin duda, en Asturias cada vez es más notoria la división entre los líderes de los distintos grupos de presión y las inquietudes de los ciudadanos a los que representan.
