Miedos y Esperanzas

Publicado en La Nueva España (23-11-2006)
El pasado día nueve de octubre tuve el honor de asistir a la conferencia “Brasil: un país de oportunidades” pronunciada por su anterior presidente, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (FHC). Ya había tenido la suerte de conocerle en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2000 en el Teatro Campoamor cuando fue galardonado con el premio de Cooperación Internacional, reconocimiento que recibiría tres años más tarde su sucesor Luiz Inácio “Lula” da Silva. En esta ocasión el acto se celebró en la sede madrileña de la escuela de negocios IESE patrocinado por la compañía española con mayor presencia en el país carioca, Telefónica, y el Banco Privado de Portugal.
FHC inició la conferencia tras una breve presentación a cargo de César Alierta con una anécdota. En los días en que aún ocupaba la presidencia fue invitado por el entonces Presidente de EE.UU, Bill Clinton, a pasar un fin de semana en Camp David. Después de la cena protocolaria ambos mandatarios iniciaron una larga conversación informal a solas. Clinton le dijo entonces a FHC que todos los pueblos sufren de algún miedo que les refrena y sueñan con una esperanza que les inspira. El añorado Presidente norteamericano le preguntaba así a Cardoso por esas dos grandes particularidades que definen a cada país. FHC repitió ante su audiencia del IESE lo que le había respondido a Clinton años antes: Brasil vive con el anhelo de ser “grande” y con el temor a no lograrlo. El ponente desplegó entonces toda su elocuencia para convencer al auditorio de que su país llegaría a ser lo que sueña con un discurso cargado de emotividad e ilusión con el que supo transmitir a quienes estábamos allí su confianza. Tras cuarenta y cinco minutos imbuidos por el cálido ritmo latino del castellano brasileiro del Presidente, retomé el pulso con el atasco de la M30 y una breve reflexión sobre nuestra pequeña, querida patria, Asturias.
Si Clinton nos preguntara en una virtual entrevista cuáles son nuestros miedos y nuestras esperanzas, ¿qué podríamos decir?
Basta reconocer en nuestro nombre el título de Principado para entender el papel que siempre hemos querido jugar en España. Basta repasar los hitos y gestas de los habitantes que han poblado este reducido solar a la sombra de la cordillera para concluir que Asturias ha aspirado siempre a adelantar los cambios ofreciendo a quien desee liderarlos un apoyo y un impulso permanente y desinteresado. Y a su vez, basta con sólo observar el pasado reciente para sentir el temor a no encontrar futuro, el terror a morir enterrados bajo un pasado épico imposible de viabilizar y a perder definitivamente la capacidad de liderazgo reformador que nos ha caracterizado como pueblo. En mi humilde opinión éstas son las esperanzas y los miedos de mi Asturias natal en los que iba pensando mientras sorteaba las inconfundibles obras madrileñas, bajo la luz de los focos del Palacio Real al fondo y los de una enorme máquina tuneladora a mi derecha, pretendiendo imitar los imposibles adelantamientos de Fernando Alonso en la parrilla de salida.
Y si tuviera que verter mis opiniones en el IESE sobre el futuro de Asturias, ¿sería capaz de trasmitirles mi confianza y mi optimismo con la mitad de convicción del Presidente Cardoso? Ustedes valoren.
Con el inicio del nuevo milenio los asturianos hemos reorientado nuestras estrategias, hemos sabido encontrar en otras actividades los recursos con los que asentar otra economía y diseñar otra agenda de prioridades para desbloquear las barreras que aún impiden un mayor desenvolvimiento de nuestras potencialidades. Y todo ello se ha hecho con respeto y lealtad hacia nuestra historia y con el convencimiento de que los mismos objetivos comunes e individuales sólo pueden adquirirse a través de otros medios. Asturias necesita verse a sí misma como lo que es hoy en día: una región abierta a la península por el Pajares y al mundo por el cantábrico pero sobre todo a través de la Red, una sociedad inserta en la cultura mundial a la que aportamos nuestra herencia, una economía terciarizada como la de todas las regiones desarrolladas y un sistema político que ha mostrado una elevada rigidez a los cambios pero que poco a poco y tras unos años de inestabilidad institucional comienza a transpirar futuro. Esta nueva Asturias ha sabido actualizarse y se encuentra a la espera de nuevos liderazgos que se ofrezcan para abrir renovados espacios públicos desde la proa, con el deseo de actualizar la agenda que aún permanece insuficientemente volcada con las necesidades de quienes están apostando por el mañana. Mientras unas pocas voces aún continúan viendo riesgos y peligros en cada esquina de nuestro tiempo, infundiendo el miedo al cambio y montando nuevas trincheras en las que defenderse, la inmensa mayoría de los asturianos deseamos afrontar el futuro con la decisión que nos ha guiado hasta aquí: el fuerte apego a anticipar los cambios y los anhelos de provocarlos.

2 Comments:
ESPERANZAS: "Asturias ha aspirado siempre a adelantar los cambios ofreciendo a quien desee liderarlos un apoyo y un impulso permanente y desinteresado".
MIEDOS: "terror a morir enterrados bajo un pasado épico imposible de viabilizar y a perder definitivamente la capacidad de liderazgo reformador que nos ha caracterizado como pueblo"
Aunque quizás yo no hubiese sido tan “barroco” en la redacción, lo cierto es que tienes toda la razón. Siempre me gusta recordar la frase de Salvador de Madariaga (gallego, por cierto, no asturiano) cuando decía que Asturias era la “región más europea de España”. Efectivamente lo éramos y lo somos. Porque mirar a Europa siempre ha sido también sinónimo de futuro, democracia real, modernidad, eficiencia de los mercados y cohesión entre personas y territorios.
La Asturias de comienzos del siglo XXI no es ya la de la mina, la trinchera y el asilamiento. A partir de la próxima década alcanzaremos la convergencia plena en términos de PIB con la UE-25 o la UE-27. También a partir de 2010 nuestras grandes obras públicas (¡por fin!) estarán terminadas o en condiciones de hacerlo a muy corto plazo. Nuestro mercado de trabajo es más flexible, crea empleo y lo hace además en sectores ligados a la tecnología de información y comunicación, al turismo sostenible y a la industria competitiva y diversificada. Tenemos más empresas que nunca, formando una tupida malla de microempresas y PYMES, conviviendo junto a grandes multinacionales de referencia mundial. Asturias también está “en red”, plenamente integrada en la sociedad del conocimiento.
La cultura es otro de nuestros grandes valores, con dos grandes referencias: el patrimonio etnográfico, histórico y lingüístico, así como la potente plataforma hacia el mundo que suponen los Premios Príncipe de Asturias.
Pero si Asturias ya no es “La Aldea Perdida” de Palacio Valdés”, tampoco debe ser una “Arcadia feliz” que nos haga olvidar algunos de nuestros problemas. Por ejemplo, el de saber traducir un fuerte crecimiento económico en “empleos de calidad” y no sólo en “cantidad de empleos”. No podemos conformarnos con unas elevadas tasas de temporalidad o rotación, aunque también debemos tener cuidado con lo contrario, ya que los empleos vitalicios (el funcionariado) no son la solución a casi nada. Empleos estables sí, pero rendición de cuentas también. Este principio general es aplicable a las empresas, a la gestión pública y, por supuesto, debe serlo a cada puesto de trabajo de forma individual. De otro modo estaremos destruyendo cualquier incentivo a “producir mejor” y esto en economía se llama productividad.
En segundo lugar, Asturias tiene que renovar algunas de sus estructuras de funcionamiento (“los miedos”), de tal forma que no desaprovechemos nuestra capacidad de transformación por el efecto de viejas inercias. Debemos impulsar nuestro autogobierno con tres objetivos fundamentales: reforzar nuestra identidad colectiva dentro de España y de la Unión Europea, mejorar la calidad de los servicios públicos y apostar por abrir un profundo proceso de profundización democrática. Pongamos algún ejemplo de cada una de estas cuestiones.
Debemos tener mayor capacidad para decidir el origen de nuestros recursos financieros públicos (los tributos), pero también para definir nuestras prioridades de gasto, sin más restricciones que las que establezcan el Gobierno y la Junta General del Principado de Asturias, así como el principio constitucional de solidaridad.
Por lo que se refiere a nuestra identidad, es importante reforzar nuestros elementos singulares, más allá de una u otra definición nominal de la Comunidad Autónoma. Parece más que sensato que el asturiano, así como la fala occidental en su territorio, adquieran el rango de lenguas cooficiales, dentro del necesario respeto a la voluntariedad en su aprendizaje. Este supuesto “miedo” a hacer lo mismo que hacen otras Comunidades Autónomas y países no lo tiene la sociedad asturiana en absoluto. Sólo una pequeña parte de esta misma sociedad es la que siempre ha negado cualquier avance en este campo.
En tercer lugar, debemos aspirar a contar con una democracia real. En un territorio donde vive algo más de un millón de personas y, gracias también a las nuevas tecnologías, tenemos todas las posibilidades para que la ciudadanía “participe” en la vida pública y, lo que es más importante, se “sienta partícipe” de ese proceso. Por ejemplo, si Asturias es una Comunidad Autónoma consolidada, integrada y cohesionada, no tiene mucho sentido que subsista un sistema electoral de hace dos décadas. Tampoco es lógico que dos mecanismos tan válidos como la iniciativa legislativa popular y el referéndum no hayan sido utilizados ni tan siquiera una vez hasta este momento. El nuevo Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias debería incluir estas cláusulas, muchas de las cuales son de pura lógica y sentido común.
En definitiva, se nos presenta una oportunidad histórica para avanzar, tanto en términos económicos, como sociales y políticos. Asturias se merece superar definitivamente su anterior pesimismo colectivo y, para ello, resulta imprescindible que los viejos análisis del pasado no condicionen también el futuro. Si las coordenadas han cambiado, las soluciones también deben ser otras. En nuestra mano está no desaprovechar este buen momento.
martes, octubre 24, 2006
A propósito, ¿qué te pareció la conferencia-coloquio del Presidente Areces en el Foro de la Nueva Economía?
jueves, noviembre 16, 2006
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